EL TIEMPO DE LA BATALLA DE VERDUN


En este comienzo del siglo XXI, cuando satélite, televisión, radar, teléfono móvil, GPS, son palabras (y equipamientos) de uso corriente, se pierde un poco la perspectiva de una batalla, como la de Verdún, librada a principios de siglo XX, con recursos técnicos del XIX. Los primeros automóviles y aviones, el obús explosivo, teléfonos rudimentarios y poco más diferenciaban esta guerra de la de 1870.

Los medios técnicos, entonces, eran un apoyo -importante, sin duda- pero el núcleo del esfuerzo seguía cayendo sobre los individuos. Por eso -por ejemplo- se libraron costosísimos combates para ocupar una posición elevada que sirviera ¡como observatorio! Parece increíble hoy en día, pero entonces era fundamental. Un observatorio permitía conocer los movimientos enemigos, ajustar el tiro de la artillería... y otorgaba una apreciable ventaja a quien lo ocupaba.

Las personas, el valor individual y la moral de la retaguardia jugaron un papel importantísimo en el curso de la Gran Guerra. Cabe destacar, en este punto, que la derrota de los Imperios Centrales se produce con sus tropas aún ocupando territorio enemigo. La entrada de los Estados Unidos en la contienda aportó hombres y la amenaza de su enorme potencia industrial. El armisticio se hizo entonces inevitable para impedir que alemanes y austro-húngaros pudieran ser arrasados. Se intentaba, simplemente, detener el combate a la espera de una nueva oportunidad en un momento más propicio, como venía siendo habitual en Europa desde tiempo inmemorial.

El rol de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial también debe ser comprendido desde una óptica diferente a la hoy, cuando son la potencia y hegemónica y las historias de la Segunda Guerra Mundial, Corea, Vietnam, el Golfo, etc., nos muestran un ejército equipado, entrenado y primer protagonista de todas las guerras en las que ha intervenido.

En 1917 los Estados Unidos carecían de algo que realmente pudiera llamarse un verdadero ejército regular. No había soldados entrenados ni una oficialidad capacitada. No disponían de sistemas logísticos para abastecer de munición y alimento a la tropa. Y aunque resulte sorprendente, la mayor parte del material de carros de combate y artillería utilizados por los norteamericanos en Argonne y Saint Mihiel, era francés.

Estados Unidos, entonces, era un recién llegado al mundo de la guerra en la que ingleses, franceses, alemanes, eran grandes expertos. De hecho, la intención inicial del mando aliado era integrar a los hombres llegados de América en sus propios ejércitos. Con más de tres años de guerra a sus espaldas, lo que los comandantes necesitaban eran soldados de refresco y ese se esperaba que fuera el aporte fundamental de los Estados Unidos. El Presidente Wilson quería lo contrario y su hombre en Europa, el General Pershing cumplió a rajatabla las órdenes recibidas y consiguió mantener la integridad de sus tropas. Allí se sentaron las bases del que llegaría a ser, ya en 1941, uno de los ejércitos más poderosos del mundo.

Lamento no recordar quién escribió aquello de que "el siglo XX empezó con la Primera Guerra Mundial", porque es exacto. La moda, las costumbres, la tecnología y hasta los mapas de Europa comenzaron a cambiar cuando los soldados abandonaron los vistosos uniformes decimonónicos -demasiado visibles para el enemigo- para adoptar el caqui y el gris. Un nuevo siglo empezaba.